EL SAN IGNACIO, UN COLE QUE CAMBIÓ EL BALONCESTO

RECORDAMOS LAS CLAVES DE LOS GRANDES TIEMPOS DEL COLEGIO SAN IGNACIO DE OVIEDO, UNA AUTÉNTICA REFERENCIA EN EL BALONCESTO ASTURIANO DE CANTERA DURANTE UN LARGO PERIODO DE AÑOS

En 1973 el Colegio San Ignacio se asentaba en su actual enclave en la ciudad de Oviedo. Por aquel entonces el deporte, un tanto desconocido hasta la fecha, comenzaba a abrirse paso en el centro católico de la Compañía de Jesús (Jesuitas). En lo que se refiere al baloncesto, un nombre propio fue el auténtico referente y pionero en su asentamiento, Toni Martín, que sentaría las bases de lo que con el paso de los años se revelaría como un gran éxito.

Unos éxitos en lo deportivo que comenzarían a alcanzarse en los albores del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Figura clave en este proceso fue la de Jenaro Díaz quién potenció sobre manera nuestro deporte en esta época moderna desde la coordinación de la sección y dirección de equipos. Junto a él papel importante para Luis Miguel Bores, que a día de hoy sigue siendo coordinador de baloncesto del centro, y para un grupo de entrenadores que despachó un trabajo intachable en las filas colegiales: Joaquín Prado, Miguel Escotet, Michel Matilla, David Allende, Jesús Hermosa, Juan Vigón, Pablo Fonseca, Carmen Paniagua… (perdónenme otros grandes entrenadores que queden por citar y que son muchos).

 

 

La metodología de trabajo en el baloncesto jesuita estaba bien definida y consistía en entrenar mucho, en entrenar bien y sobre todo en comenzar muy pronto, situación antes poco común, y que hacía que ya en 1° de Primaria ya el alumno comenzase a tener contacto con el baloncesto.

Otra nota esencial era el carácter puramente colegial de la actividad, no admitiéndose fichajes de fuera del colegio y haciendo que las generaciones llegasen a convivir sin variación alguna hasta doce años en el mismo equipo.

 

 

Además, la filosofía de juego era compartida por todos los equipos del colegio lo que hacía que como entrenador o jugador podías ir con el infantil, con el cadete… (los entrenadores dedicaban horas y entrenamientos para conocer a todos los equipos y jugadores e iban así alternando perfectamente entre cada generación) que el juego iba a estar marcado por la fluidez, la presión y los rápidos contraataques.

De aquella trabajada siembra pronto se recogió los frutos, marcados por la evolución de cada jugador, por la presencia continua de deportistas jesuitas en las Selecciones Autonómicas y con una ingente cantidad de títulos y Finales A4 en categorías de formación, haciéndoles dominadores por muchos años de las categorías de formación del baloncesto asturiano (especialmente en masculino, lo que no obsta a los éxitos femeninos, quienes compartían protagonismo con la gran tradición de voley del colegio).

 

 

Un gen de baloncesto jesuita que en estos tiempos más modernos ha llevado a colocar a distintos deportistas del colegio entre los mejores de su generación y de la comunidad, pudiendo citarse jugadores de la talla de Ana Oraa, Óscar Oraa, Carlos Cachero, Tona Campoamor, Pelayo Fuentes, Jorge Arias y un largo etcétera más.

Tiempos inolvidables para el baloncesto y deporte colegial que bien merece la pena recordar y poner en valor. Desear al colegio que continúe con su actividad otros tantos años más y continúe con su ejemplar formación de deportistas y de personas. Larga vida al San Ignacio. 

 

 

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